De este pro entrópico entorno surge una palabra “Discipulado”.
Por inicio de cuenta hay que saber que el discipulado es en su definición más simple el proceso de formación de las personas.
Formar a las personas, menudo reto, se escucha tan sencillo pero es algo terriblemente complejo; existen formas correctas e incorrectas de hacerlo, procesos más o menos eficientes, sistemas éticamente controversiales, el Discipulado es un mundo.
El Discipulado es un mundo, es mi mundo, mi reto, mi juego, mi trabajo, mi oficio pero sobre otras cosas el discipulado es mi misión; me costó asumirlo pero estoy llegando a la conclusión de que de mi posición en este populoso juego de ajedrez es el de discipulador.
La pregunta ahora sería; ¿discipular? ¿A quién? y ¿Para qué? La respuesta enérgica que ruge en los más recónditos cubiles de mi ser es demasiado ambigua, enfermizamente idealista pero no importa, el mandato divino es sencillo “…A todas las naciones…”, “…A toda criatura…”; al que me ama y al que me odia.
Discipularé siempre que pueda, aun cuando no pueda; al que pregunta aclararé las dudas y al que no se cuestiona alimentaré la sana curiosidad; al insatisfecho guiaré y al que se conforma impulsaré; en el trabajo discipularé en la calidad, en la calle civilidad y en el hogar amor.
Iniciaremos con lo simple; aprendamos a vivir ese será el eje de mi labor; la base de esto Colosenses 3:23-24 “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”
El blanco supremo se ha marcado; hacer las cosas como para Cristo; hagamos obras de justicia, hagamos obras de piedad pero más que otra cosa demos a otros el amor que Dios ha puesto en nosotros. Que nuestro corazón sea el motor de nuestros sueños; que nuestra vida el camino y la eternidad el destino.
No importa lo tozudo que parezca, lo inútil que aparente, cada pequeño cambio, cada frase, cada paso modifica este universo, no importa que el mundo no funcione como espero, no importa cuántas “oportunidades” escapen, no importa cuántos “ahorros se pierdan”; la ley de Dios es clara el inicio de un verdadero servicio a Dios nace de la integridad y ese es el reto, el último reto, el máximo y más complejo, en un mundo de corrupción vivir en integridad.
Para esto el primer obstáculo que debo enfrentar es mi propia existencia tan variante; parafraseando a los proverbios (Proverbios 25:28) es tiempo de amurallar mi ciudad; tiempo de continuar la carrera disciplinadamente (1ª Corintios 9:24-27).
Me permito copiar un fragmento de la Biblia que creo es uno de los textos más claros respecto al propósito del discipulado personal:
2 Carta de Pedro a la Iglesia Capítulo 1°
3 …Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; 4 por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones. 5 Por esto mismo, poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
8 Si tenéis estas cosas y abundan en vosotros, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9 Pero el que no tiene estas cosas es muy corto de vista; está ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. 10Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas, jamás caeréis. 11 De esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
12 Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis y estéis confirmados en la verdad presente. 13 Tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación…
Tengo un sueño, cambiar el mundo. ¿Lo lograré solo? Prácticamente imposible; ¿El tan afamado poder de la unidad lo logrará? Sigue siendo difícil; pero me pregunto: ¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no arriesgarse?
Está decidido es tiempo de levantar el vuelo, de pelear la buena batalla es tiempo de:
“Nacer para Formar, Formar para la Eternidad”
"Tengo un Sueño: Cambiar el Mundo. Tengo un Reto: Cambiarme a Mi."
Manuel Kibsaim Cabezud Aguirre
